Nos subimos a bordo del Mercedes-Benz F 015. 2ª Parte.

Para entrar en el interior, lo hacemos mediante unas puertas que se abren en 90 grados para darnos la bienvenida con unos asientos que pueden girarse para adoptar la posición tradicional o poner los asientos uno en frente del otro para que sea posible comunicarnos con las otras personas que viajen en nuestro coche cara a cara. Sin duda alguna hablamos de un coche realmente confortable, tanto por lo que ya hemos mencionado, como por los materiales cálidos, naturales y luminosos, o los volúmenes y formas redondeadas, que no tienen límites definidos. Una mala noticia es que, de momento, el F 015 no cuenta con un maletero, aunque los responsables técnicos del proyecto  han declarado que “todos los dispositivos tienden a la miniaturización y esperamos poder contar con más espacio para objetos en el futuro gracias a ello”.

No obstante, la interacción hombre-máquina no solo se va a dar en el interior, sino que el coche se comunicará además con los agentes externos. Un ejemplo de ello es que los leds exteriores se iluminan de color azul cuando el coche está conduciendo en modo autónomo o en color blanco cuando se está manejando de forma manual. En el caso de que se detecte un peatón en la acera que tenga la intención de cruzar, el coche se detendrá, proyectará mediante láser un paso de peatones en el suelo y a través de altavoces le dirá al peatón “pase“, encargándose de acompañar su camino con una luz en la parrilla que reconocerá su trayectoria.

Además, el coche enviará señales luminosas a otros automóviles, emitiendo en el caso de que sea necesario mensajes de peligro o avisando de su trayectoria proyectándola en la vía. El escenario futuro perfecto sería que todos estos avisos pudiesen homogeneizarse en algo parecido a una especie de lenguaje universal para los “Smartcar”, o lo que es lo mismo, coches inteligentes.

El vehículo que será totalmente autónomo, no saldrá al mercado como mínimo hasta el 2030, según han declarado ya los especialistas de Mercedes. Esto se debe a que aunque parezca que ya está totalmente terminado, es necesario todavía afrontar retos como son la mejora de la capacidad de los sensores en condiciones climatológicas adversas (nieve, hielo, niebla…), el reconocimiento de un entorno que cambia constantemente con normas de conducción distintas (como podrían ser los países de conducción en el carril contrario) o la capacidad de elección cuál sería el menor de los daños en el caso de que se produjese un accidente por parte del vehículo.

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